Dice la Biblia a los cristianos: “Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10).
Reconciliarse con alguien es establecer la amistad perdida. Hay reconciliación entre enemigos y también la hay entre políticos.
Por causa del pecado, inherente en el hombre, todo hombre, por su pecado, se ha vuelto enemigo de Dios.
El tomar parte activa en los placeres mundanos, vicios y malos hábitos hace del hombre un enemigo de Dios. (Santiago 4:4).
Y, aunque no tengamos vicios degradantes, por nuestro natural pecado que mora en nosotros (Romanos 7:17-20), por naturaleza somos pecadores y, por lo tanto, también enemigos de Dios.
Es más, dice la Biblia que toda persona que vive en pecado no le pertenece a Él, sino al diablo, porque “el que practica el pecado al diablo pertenece” (1ª. de Juan 3:8). ¿Vive Ud. en pecado? Arrepiéntase y reconcíliese con Dios por medio del único abogado que tenemos ante Dios Padre, Jesucristo (1a. Juan 2:1,2).
Toda persona que tiene alguna clase de vicios o mañas vive en pecado: borracheras, adulterio (casado con amante extra), fornicación (quien practica sexo libre, o quien vive sin casarse, o practica sexo anti-natural), o disfruta de la pornografía, vive con celos, contiendas, resentimientos, falta de perdón, utiliza con frecuencia malas palabras o lanza maldiciones, nunca busca el rostro de Dios en oración, etc.
Lee en tu Biblia (el Nuevo Testamento) una lista de pecados en el libro de Gálatas 5:16 al 21 y en 1ª. de Corintios 6:9-10. Todas estas prácticas son obras del diablo… Pero “para esto apareció el Hijo de Dios para deshacer las obras del diablo“. (1ª. de Juan 3:9).
Los hijos de Dios, o la persona nacida de Dios y que ha nacido de nuevo (Juan 3:3,6), no suele practicar el pecado. Pues “todo aquel que, nacido de Dios, no acostumbra practicar el pecado, porque la Semilla {Su Espíritu} de Dios permanece en él, y ya no le atrae el pecar porque ha nacido de Dios” (1ª. Juan 3:9).
Como enemigos de Dios y siendo Dios nuestro Creador, por nuestro pecado, merecemos su castigo, un castigo eterno, pero Dios en su misericordia proveyó un medio al hombre por el cual pudiéramos evitar recibir el castigo divino por ese pecado. El medio que Dios mismo proveyó es su Hijo Jesucristo.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, sino que tenga la vida eterna” (Juan 3:16).
{Nota: El mundo son las personas. Dios dio o entregó a su Hijo a la muerte para que fuera sacrificado por todos los pecados que nosotros hemos cometido. Requisito: creer en Cristo, pero creer significa también obediencia a Dios. El premio: la vida eterna.}
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
“Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10).
¿Cómo reconciliarse con Dios?
Igual como a un hijo amoroso que sabe que ha ofendido a su padre, viene ante él y le pide perdón. Y el padre, siendo un padre comprensivo, lo perdona y así hay reconciliación entre ambos.
Asimismo, nosotros ante Dios, siendo sus enemigos, somos reconciliados cuando en humillación venimos ante Dios Padre y le pedimos perdón en el nombre de nuestro abogado único Jesucristo, porque “si alguno hubiere pecado, abogados tenemos con el Padre a Jesucristo, el justo…” (1a. de Juan 2:1,2). Y porque, de acuerdo a la Biblia, Palabra de Dios, Jesucristo, además de ser nuestro abogado único, es nuestro único Mediador e Intercesor que tenemos ante el Padre (1ª. Timoteo 2:5; Hebreos 7:22-25).
Oración para reconciliación
(Esta oración debe expresarse con sinceridad y con fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios, -Hebreos 11:6).
Padre bendito que estás en los cielos, hoy vengo ante su presencia para rogarte me perdones todos mis pecados. Yo sé que por mi pecado y mi rebelión he sido un enemigo tuyo, Señor, pero ahora, en el nombre de Jesucristo, mi bendito Abogado, te ruego me perdones. Hoy me entrego a Ti, Señor: te entrego mi vida, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Y por fe, en este momento, recibo a Jesucristo como el Amo y Señor de mi vida. En el nombre bendito de Jesús he orado.
Amén.
Dios te bendiga, un servidor,
Antonio Celis Estrada

Deja un comentario