
Según nuestro buen Dios, Ud. y yo debemos nacer otra vez: nacer de nuevo.
Todo ser humano, por haber nacido en pecado, ante Dios está muerto. Y por eso debe nacer de nuevo, de acuerdo a la Palabra de Dios.
Nuestro Señor Jesucristo habló sobre este tema con un piadoso hombre de Dios de Israel, Nicodemo, un hombre íntegro, sin vicios, pero perdido, porque no había nacido de nuevo.
Jesucristo dijo a Nicodemo que «si no nacía de nuevo, no podría ver el reino de Dios». Y que para lograrlo debía «nacer del agua y del Espíritu para poder entrar en el reino de Dios» (Evangelio de Juan, capítulo 3, versos 1 al 16).
¿Qué significa «nacer del agua» y «nacer del Espíritu»?
Nacer del agua
De acuerdo a la Biblia, el agua, en este caso, significa la Palabra de Dios, es decir, que debemos creer y aceptar lo que nos dice Dios en su Palabra.
«A fin de santificarla [a la iglesia, el creyente], habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra».
Efesios 5:25-26
«Ya Uds. están limpios por la palabra que les he hablado».
Juan 15:3
Después de creer en su Palabra, somos limpiados por la Palabra; entonces podemos «nacer del Espíritu» (ver Juan 5:24).
Nacer del Espíritu
«Nacer del Espíritu» es nacer de Dios.
Todo ser humano es criatura de Dios, no necesariamente su hijo, porque para ser hijo de Dios hay que nacer del Espíritu de Dios (leer Hechos 3:19).
¿Pero cómo se nace de Dios o del Espíritu?
La Biblia lo explica en Juan 1:11-12:
«A lo suyo vino [Jesucristo, al pueblo judío], pero los suyos no le recibieron [lo crucificaron], pero a quienes lo recibieron, los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios».
Y en el verso 13 agrega:
«Los cuales no son engendrados por voluntad humana [de padre y madre], sino de Dios».
Este «reengendrar» en nuestro espíritu lo realiza Dios con su Espíritu Santo, y ocurre cuando, después de arrepentirnos y de pedir perdón a Dios, recibimos a Jesucristo por un acto de fe en nuestro corazón (Efesios 3:17; Colosenses 2:6 y Apocalipsis 3:20).
Al recibir a Cristo, nacemos de nuevo; lo que nace de nuevo es nuestro espíritu, el que antes de recibir a Cristo «estuvo muerto en delitos y pecados» (Efesios 2:1-3).
¿Cómo nacer de nuevo?
En primer lugar, debemos reconocer que somos pecadores (Romanos 3:23), y que Cristo, a pesar de nuestros pecados, murió por nosotros (Romanos 5:8).
Entonces, debemos arrepentirnos y convertirnos a Dios para que sean borrados nuestros pecados (Hechos 3:19) y recibir por la fe a Cristo en nuestro corazón (Efesios 3:17; Apocalipsis 3:20).
Oración de arrepentimiento
Debido a que nuestras palabras expresadas tienen poder, di esta oración con voz audible y con fe (Proverbios 18:21 y Hebreos 11:1, 6):
Señor Jesús, reconozco que soy pecador(a) y que, por ignorancia, no había nacido de nuevo, pero ahora vengo ante Ti para rogarte me perdones todos mis pecados.
Y, como no puedo verte, hoy por fe te recibo en mi corazón como el Dueño de mi vida y el Salvador de mi alma.
Sé que al recibirte, Señor, he nacido de nuevo, y sé que ahora Tú me has dado el derecho de venir a ser un hijo de Dios y de entrar en Tu reino.
Gracias, Señor Jesús, por perdonarme.
En tu nombre santo, Jesús, he orado. Amén.
Colosenses 1:13
¿Cómo sabemos que una persona ha nacido de nuevo?
«Por sus frutos los conoceréis».
Toda persona que ha nacido de nuevo:
1. Siente más amor por Dios, obedeciéndole, y por el prójimo (Mateo 22:34-40).
2. Es misericordiosa (Salmo 37:21; Mateo 5:7).
3. Ha dejado sus vicios: borracheras, juegos de azar, mentiras, malas palabras, fiestas mundanas, porque ahora es una nueva criatura (2 Corintios 5:17) y porque teme a Dios.
4. Procura testificar a otros (evangeliza) para que también se conviertan a Dios (Hechos 8:4).
5. Anhela leer la Biblia y ora con frecuencia.
6. Le agrada congregarse con los hermanos en la fe (Hebreos 10:25).
7. Procura la paz con todos: evita peleas o insultos; sabe perdonar y busca la reconciliación con el prójimo (Mateo 18:21-22; 1 Pedro 1:14-16).
Si no observamos estas señales en un creyente, es posible que no haya nacido de nuevo, y debe arrepentirse y reconciliarse con Dios y con su prójimo.
Dios te bendiga.
Un servidor,
Antonio Celis Estrada

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